; Apostolado de la Oración - Uruguay

¿POR QUÉ ORAR LAS INTENCIONES DE LA IGLESIA?

Jesucristo se identificó con la intención del Padre Creador. «Dios quiere hacer del mundo una nueva creación en Cristo» (AA 5). Al adherir a Jesucristo, cada bautizado acepta esa intención. Para que la vida del mundo sea cristiana, ella debe moldear la vida de todos, desde el corazón.

¿Cómo conseguirlo?

Sólo actualizándola cada día: reafirmándola en los «quereres», comprometiéndola en los «decires» (las oraciones), jerarquizando desde ella los «haceres». Es decir, sumando el vivir cotidiano a la correntada de vida nueva brotada del amor «hasta el extremo» de la Pascua.

El APOSTOLADO DE LA ORACION ayuda a hacer realidad la gran intención cristiana situándola en las actuales intenciones de la Iglesia. Al orarlas, el cristiano siente el querer y la llamada concreta de Dios y se abre a responderle eucarísticamente. Y, como la actualización de la intención la plantea cada mes el mismo Santo Padre -en las intenciones "por el mundo" y "por la evangelización"-, vive intensa y ampliamente su integración eclesial.


OFRECIMIENTO COTIDIANO


Dios Padre nuestro:

Te ofrezco todo lo que,con sufrimiento o alegría,

sienta, piense, haga, diga.

Que quienes encuentre, conmigo encuentren a Jesús, este día.

Me ofrezco con Él, Dios Hijo encarnado,

hombre nuevo de corazón sagrado,

que, por salvarnos, entrega su vida, en cada Eucaristía.

Te pido que Dios Espíritu Santo sea mi fuerza y mi guía.

Y yo, testigo de tu amor, todo el día.

A orar con las intenciones que el Papa, este mes, nos confía,

te dedico este tiempo

con la madre del Señor y de la Iglesia,

la Virgen María...
.

27/04/2013

ULTIMO MOMENTO

HECHO ESTÁ
    Queridos obispos, sacerdotes, diáconos, presidentes de Centros del Apostolado de la Oración, apóstoles de la oración de Uruguay todos (ellas y ellos, que conozco y que no):

Desde 1993 he trabajado en este Servicio de la Santa Sede como Secretario Nacional del Director Mundial. Desde el 2003 lo coordiné en Latinoamérica, de México al Sur. Y, a partir del 2009 participé del Consejo Mundial y del proceso de recreación.
   El AO existe para ayudar a los cristianos que queremos mantenernos apóstoles -discípulos misioneros-: Bien realizadas, las oraciones «de dispo- nibilidad» (el ofrecimiento cotidiano) y «de pertenencia» a las preocupaciones y ocupaciones del mundo y la Iglesia (las dos intenciones que plantea el Papa), nos mueven a salir de nosotros mismos y a asumir con convencimien- to, creatividad y perseverancia, la misiòn de trasmitir el amor de Dios a la mayoría que lo desconoce, o conoce mal
    «Unir nuestra oración y nuestra vida a la oración y la misión de la Iglesia», decimos. En esto debemos ser incansables.    
   Por 20 años yo lo hice con ustedes y a través de ustedes: nos visitamos, animamos, organizamos; rescatamos la Sede Nacional y pudimos ofrecer en el país cursos, talleres, ejercicios espirituales; a muchos acompañé personalmente o en grupos; juntos contemplamos a Jesús en los Evangelios y le oramos como amigos; redacté y edité esta página, así como múltiples subsidios. Repensamos el Movimiento Eucarísitco Juvenil (MEJ) y lo resucitamos en distintas etapas. Y, sobre todo, muchas veces, con unos y otros, revivimos la Eucaristía del Señor.
   
    Como jesuita, ahora me toca ir a trabajar a un barrio del gran Buenos Aires.
      Dejo en ustedes todo lo querido y realizado. Ni lo uno ni lo otro está terminado, pero está ahí, una etapa de vida a continuar en otras. Lo haremos y la Iglesia seguirá dando en el mundo gente consagrada a hacerse un corazón como el de Jesús -capaz de amar como Él- y de ponerse al servicio de la justicia que reconoce hijos e hijas de Dios.
     Me despido de la cercanía con ustedes, no de ustedes... ni de la trasmisión del Evangelio a familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudio y trabajo, a partir de parroquias, movimientos, comunidades.
    Oren por mí, que oro con y por ustedes. Con un abrazo, mi bendición, 

P. Juan Antonio Medina Ylla, S.I.










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24/04/2013

MAYO 2013 - ORAR POR NECESIDADES GENERALES


Que Quienes Administran Justicia
Siempre Actúen 
con Integridad y Recta Conciencia

         Sus compañeros lo dejan de lado, lo desprecian, ni saludan: ha denunciado atropellos, nepotismos, amiguismos, corrupciones. Lo difamaron, descalificaron, organizaron su desprestigio. Mobbing se llama tal forma de acoso. Los jefes están enterados... pero ninguno actúa contra la mayoría.
         La Suprema Corte de Justicia declaró inconstitucional la ley presentada por el Poder Ejecutivo y votada por el Parlamento Nacional. El partido de gobierno acusa a sus miembros de falta de profesionalidad, de estar "politizados", movidos por intereses bastardos.
         En todo ámbito de convivencia humana se presentan conflictos que los implicados no consiguen resolver. Para no quedar estancados -perdiendo tiempo y posibilidades, desgastándose en preocupaciones y sufrimientos inútiles-, se apela a instancias de autoridad, con potestad de juzgar, mandar y hacerse obedecer.
         La autoridad se la consigue por orden -autoridad de derecho (es la de Dios, del pueblo, del padre y la madre)-, por prestigio -autoridad moral (es la del sabio, del líder)-, por acuerdo o contrato -autoridad delegada (es la de maestros, patrones, gobernantes, jueces)-, por apropiación -autoridad impuesta (es la de demagogos, dictadores, tiranos)-.
        Pero la justicia que administra una autoridad, es compleja: tiene que ver con su capacidad para comprender la situación de los litigantes y, fundamentalmente, con el marco referencial, el lugar -la concepción general, el ordenamiento de principios y normas- desde donde juzga.

Dentro del inmenso arco de problemas que hoy plantea la práctica de la justicia como virtud que inclina y exige dar a cada uno lo que es suyo, el Papa se fija en un aspecto concreto y práctico: Nos pide que oremos por quienes administran la justicia, los jueces, entendiendo el término en su más amplio significado y realidad. Se fija en ellos porque sabe que la justicia es lo que son quienes la administran y aplican.
    Sin justicia es imposible la paz que todo corazón anhela como bien supremo: sin éste, ni personas, ni familias, ni pueblos, pueden llevar una vida digna. 

     Sin  embargo, con lamentable frecuencia, hoy los jueces no gozan de estima ni confianza. Es uno de los males del tiempo, porque el pueblo que no confía en sus jueces, siempre será un pueblo desgraciado.
    Como creyentes cristianos, debemos pedir al que dijo que son «bienaventurados quienes tienen hambre y sed de justicia» (Mt 5 6) que se recupere pronto y en todas partes, la confianza perdida en quienes tienen el sagrado deber de administrar justicia.
    El único modo de lograr tal urgente y necesaria confianza es que quienes administran la justicia lo hagan siempre con integridad y buena conciencia.
    Si son íntegros se alejarán de cualquier arbitrariedad y abuso del poder que detentan. Y si actúan con recta conciencia, asegurarán el fiel seguimiento del orden querido por Dios, que en ella se revela y por ella nos dicta lo que es bueno y justo, llamándonos siempre «a hacer el bien y evitar el mal» (GSpes 16)

ORANDO CON JESÚS SOBRE LA JUSTICIA

      Cuando busca seguidores, Jesús anima a quienes pudieran serlo: -¡Felices quienes tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados! (Mt 5 6).
    Enseguida explica que la justicia tiene exigencias: -Si su justicia no es superior a la de escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos (Mt 5 20).
    Le duelen aquellos hombres: -¡Pobres, escribas y fariseos hipócritas, que cumplen con el impuesto de la menta, del hinojo y del comino, pero descuidan lo importante de la ley: la justicia, la misericordia y la buena fe! (Mt 12 40)
    Y previene a todos: -¡Cuídense de los escribas... que devoran los bienes de las viudas y fingen oraciones. Ellos serán juzgados con severidad (Mc 12 40).
   Tan importante es para Jesús la Justicia que vive y propone a todos, que todo lo somete a ella: -Antes que nada, busquen el Reino y su justicia, que lo demás se les dará añadido (Mt 6 33).
   Hablaba de las preocupaciones por la comida y el vestido. ¡Si viviéramos la justicia que es fruto del amor e inaugura el Reino en la tierra, ya no habría dolor por necesidad entre nosotros!
    Como Ananías y Safira (Hch 5 1-11), al principio ya hubo tramposos entre los cristianos, pero el primer impulso del Evangelio consiguió lo siguiente: 
«Todos los creyentes se mantenía unidos y ponían lo suyo en común; vendían propiedades y bienes y distribuían el dinero según las necesidades de cada cual. En un mismo espíritu, acudían cada día el templo, partían el pan en las casas y alabando a Dios, comían con alegría y sencillez de corazón» (Hch 2 44-47). 
«La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo era común. Los Apóstoles testimoniaban con poder la resurrección del Señor Jesús y gozaban de gran estima» (Hch 4 32-33).
    ¡La justicia que todos deseamos es posible! Pero la debemos vivir y proponer teniendo en cuenta que realizarla tiene un precio de soledad y persecución: -Felices los perseguidos por practicar la justicia: ¡a ellos les pertenece el Reino de los Cielos! (Mt 5 10).
     Aún campea la injusticia en el mundo. Pero Jesús anuncia que no triunfará. 
    Mientras llega la Justicia, hay «justos». ¿Pocos? ¿muchos? ¡Incal- culables!: ¡Jesús, el primero, el pleno!
    ¡Cuántos iban para justos, pero terminaron en tibios burgueses!: claudicaron, se hicieron cómplices, hasta participar de las injusticias del statu quo, de
lo «políticamente correc- to», hasta justificarlas y abandonar a los fieles a la descalificación, la soledad, la persecución, la cárcel y hasta la muerte...           
     Conviene tratar esto en oración con Jesús, diciéndole algo así:
    Señor Jesucristo, cuando siento sed de justicia, tú me dices que es posible saciarla. Seguramente tú mismo tenías esa sed cuando, con otra imagen, decías: -Vine a traer fuego al mundo y ¡cuánto deseo que arda! (Lc 12 49)

  Sé que buscar la justicia del Reino de Dios no es una dádiva de generosidad desde el tener o el poder. Sé que es reconocer el derecho del todos a lo que el Padre Dios dió a unos para todos. Sé que debo compartir lo que tengo, mío y del otro, lo que también él necesita para vivir feliz; y lo que él tiene, suyo y mío, que también yo, necesito para vivir feliz.
      Sé, Señor, que la justicia que  busco depende de que en, lo íntimo de mi ser, reciba tu amor caritativo de Dios-Hijo, por el que te hicis- te hombre para que todos tus hermanos tengamos vida «en abundancia» (Jn 10 10). Es el mismo amor-caridad del Pa- dre-Dios que no hace dife-  rencias entre sus hijos. Y de Dios-Espíritu-Santo que ani- ma la vida y la conciencia de cada uno de los vivientes.
    ¡Que haciéndome justo en el servicio a los hermanos crezca la justicia de Dios «así en la tierra como en el cielo
»!.

SEGUIR ORANDO ESTE MOTIVO 
a PARTIR de la PALABRA DE DIOS

¡AY DE LOS QUE DICTAN LEYES INJUSTAS!:            Is 10 1-4
QUE QUIEN GOBIERNA GOBIERNE CON JUSTICIA:      Sal 7
JESÚS TRAE LA JUSTICIA DE DIOS:                          Lc 4 16 21

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22/04/2013

MAYO 2013 - ORAR por la MISIÓN de la IGLESIA

Que los Seminarios,
Especialmente los de Iglesias en Misión,
Formen Pastores Según el Corazón de Cristo,
Dedicados al Anuncio del Evangelio


Introductrorio 2013 del Seminario Interdiocesano de Uruguay
Un seminario es un semi- llero. La palabra castellana deriva de la latina seminare, sembrar, que a su vez, proviene de semen, semilla. Un seminario es el lugar donde se siembra y cuida las semillas para que germinen y comiencen a desarrollarse, a crecer.
   Los Seminarios ecle- siásticos son lugares, pero principalmente entornos o ambientes organizados para atender los primeros pasos de las personas -en general jóvenes- que dicen haber oído el llamado de Dios a hacer visible y operante a Jesucristo en las comunidades cristianas, principalmente en sus celebraciones sacramentales.
Los elegí para que vayan y den abundante fruto
    Aunque a 20 siglos de distancia, la organización de los actuales seminarios no puede no tener en cuenta el ámbito de evangelio -de feliz novedad- que creó Jesucristo para formar a los primeros «seminaristas», los que «eligió, llamó y vinieron donde Él» (Mc 3 13), los que el Padre le dió (Jn 17 9), a los que le importaba tuvieran claro: «no me eligieron ustedes, yo los elegí».
    El convencimiento de esta elección es la tierra donde enraiza toda la vida del Seminario. 
   Así, acompañados por «el equipo» del Seminario, los seminaristas disciernen a lo largo de 6 -o más- años su vocación; y responden a ella progresivamente, haciéndose discípulos -disciplinando su corazón (ver Mt 11 29)- en una relación de amistad (Jn 15 15) y seguimiento (Mt 8 22, 9 9, 19 21) con Jesús, definida y radical (Mt 6 24).
Seminario Cristo Rey de Uruguay recibe visitas
    Ese trato con el Señor de la historia construye comunión y pertenencia entre quienes Él puso juntos mandándoles: -Amense como los amé yo (Jn 13 34; 15 12). Pero no los eligió Jesús sólo «para estar con Él», sino, también y principalmente, «para enviarlos a predicar con poder de expulsar demonios» (Mc 3 13-16). Por esto la vida espiritual del seminarista necesita ir «empapándose» del amor de Dios por los pecadores: -No necesitan médico los sanos, sino los enfermos (Mt 9 12)
Más, todavía: -Amense como yo los amé. Jesús
    Amar y servir como Jesús necesita hacerse un corazón como el suyo (Mt 11 29): atento (Lc 7 13; 19 5) compasivo (Mt 9 35), valiente (Mt 8 26, 10 26) manso y humilde. Sin un corazón pastoral -«con olor a oveja» dice el Papa- los futuros sacerdotes no liberarán a los contemporáneos de los espíritus de destrucción que los atacan y someten sutilmente.
       A medida que aprendan a tratar constructivamente con todos (ver 1Co 3 10-15, 10 23) -sin ser del mundo, a estar en él (Jn 15 19; 17 11. 14-16)-, los seminaristas deben «armarse» intelectualmente, aprender a ubicar sus percepciones y conciencias en el marco de las distintas lógicas, sobre todo en la de la Historia de la Salvación. 
Seminaristas mejicanos estudiando teología
     Así, la filosofía y la teología, tienen fundamental importancia en los Seminarios, sobre todo en los de Iglesias en misión, necesitadas de pastores de corazón verdaderamente cris- tiano y efectiva dedicación a la evangelización.
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MAYO 2013 - CARTELERAS INTENCIONES DE ORACIÓN

PARA RECORDAR Y PROMOVER 
LOS TEMAS  QUE EL PAPA  PIDE A TODOS LOS CRISTIANOS 
IR TRATANDO CON DIOS, EN ORACIÓN, A LO LARGO DEL MES DE MAYO 2013
PUEDE IMPRIMIR EL SIGUIENTE AFICHE 
EN UNA HOJA TAMAÑO OFICIO,  EN ORIENTACIÓN APAISADA
 
 
 
SI DISPONE DEL CUADRO DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN, 
 PARA LOS MISMOS FINES,  PUEDE IMPRIMIR EL AFICHE SIGUIENTE  
EN MEDIA HOJA OFICIO, EN ORIENTACIÓN VERTICAL
 
 
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31/03/2013

ABRIL 2013: ORAR POR EL MUNDO

Que La Celebración Pública y Orante de la Fe
Sea Fuente de Vida Para los Creyentes

      ¿Me resulta extraño lo que el Papa pide tratar con Dios -llevar a la oración- este mes? ¿Pienso, tal vez, que la fe no es cuestión de celebración pública, sino particular, privada, a lo más entre quienes la comparten? ¿Me parece una falta de respeto a los que no creen salir en procesión por las calles de la ciudad, o juntarnos en una plaza a rezar y cantar? ¿Será que pienso que la celebración compartida es lugar de ritos y rezos, no de oración, de diálogo abierto, personal, íntimo, con Dios?
        Cuando celebramos una realidad -la que sea- la hacemos significativa, importante, en nuestras vidas. Cada celebración expresa el valor que le damos y cómo la convertimos en acontecimiento de vida. Es así especialmente cuando se trata de nuestra fe: Si no celebramos regularmente la fe, poco a poco dejamos de valorarla, de reconocer su importancia y, gradualmente, vamos olvidán- dola. Si deja de ser acontecimiento, pronto -como solemos decir- «nada pasa con ella».
      Sólo celebrándola juntos y en público, nuestra fe se mantiene viva y es «fuente de vida».
      ¿Por qué juntos y en público? Con el beato Juan Pablo II, el gran defensor del día del Señor -del dies Domini, el domingo-, el Papa nos recuerda que si celebrar regularmente nuestra fe es importante para cada uno -personalmente-, también lo es como testimonio para los demás. La celebración de la fe no  debe, por tanto, llevarse a cabo sólo de modo íntimo y privado, sino -cuanto sea posible- en público, de modo que sirva a muchos otros.
        Pero, ¡atención!: El Sumo Pontífice señala también que, además de pública, la celebración de la fe ha de ser de calidad cristiana, es decir en relación con Dios Trinidad: «orante», piadosa, devota. De otra manera sería un acto «horizontal», significativo sólo en cuanto hecho de relación entre nosotros, no con Dios. Con Él, precisamente, tiene que ver la celebración de la fe que nos ha sido dada, hemos aceptado, celebramos y testimoniamos presente y operante.
      Aunque el mismo Señor Jesús nos mandó repetir en la celebración eucarística sus gestos y palabras: -Hagan esto en memoria mía, la celebración pública y orante de la fe cristiana tampoco debe limitarse a repetir -cumplir- ritos exteriores. Ella es signo e instrumento de su continua presencia entre nosotros, así como del amor misericordioso que nos ofrece inclaudicable. En este sentido, cada celebración de la fe es invitación reiterada a todos a alimentarnos espiritualmente del amor de Dios, a dejarnos moldear por Él en nuestra manera de ser: ¡Es la invitación, jamás rescindida, a calmar nuestra sed en la fuente de vida verdadera!
      Según la intención de esta oración, lo que hablaremos con Dios a lo largo del mes, no será solamente suplicarle por otros. Más bien, ante Él nos propondremos celebrar nuestra fe de la mejor manera posible, de manera pública y devota, de manera que, cada vez más, pueda ser experimentada por todos como «fuente de vida».


INSPIRAR COHERENCIA DE VIDA

      Con mucha frecuencia nos encontramos inmersos en un mundo que quisiera dejar a Dios «aparte». En nombre de la libertad y la autonomía humana, se pasa en silencio sobre el nombre de Dios, la religión se reduce a devoción personal y se elude la fe en los ámbitos públicos. A veces, dicha mentalidad, tan diametralmente opuesta a la esencia del Evangelio, puede ofuscar nuestra propia comprensión de la Iglesia y de su misión.
Expresión pública de fe de uruguayos: Juan Pablo II celebra la Ecuaristía para 170.000 personas
        También nosotros podemos caer en la tentación de reducir la vida de fe a una cuestión de mero sentimiento, debilitando así su poder de inspirar una visión coherente del mundo y un diálogo riguroso con otras muchas visiones que compiten en la conquista de las mentes y los corazones de nuestros contemporáneos.
         La historia, sin embargo -también la de nuestro tiempo, nos demuestra que la cuestión de Dios jamás puede ser silenciada y que la indiferencia respecto a la  dimensión religiosa de la existencia humana acaba disminuyendo y traicionando al hombre mismo...
       La fe nos enseña que en Cristo Jesús, Verbo encarnado, logramos comprender la grandeza de nuestra propia humanidad, el misterio de nuestra vida en la tierra y el sublime destino que nos aguarda en el cielo (cf. Gaudium et Spes, 24).
     La fe nos enseña también que somos criaturas de Dios, hechas a su imagen y semejanza, dotadas de una dignidad inviolable y llamadas a la vida eterna. Allí donde se empequeñece al hombre, el mundo que nos rodea queda mermado, pierde su significado último y falla su objetivo. Lo que brota de ahí es una cultura no de vida, sino de muerte. ¿Cómo eso se puede considerar un «progreso»? Es, al contrario, un paso atrás, una forma de retroceso que en último término seca las fuentes mismas de la vida, tanto de las personas como de toda la sociedad.
        Sabemos que al final –como vio claramente san Ignacio de Loyola– el único patrón verdadero con el cual se puede medir toda realidad humana es la Cruz y su mensaje de amor inmerecido que triunfa sobre el mal, el pecado y la muerte, que crea vida nueva y alegría perpetua. La Cruz revela que sólo nos encontramos a nosotros mismos cuando entregamos nuestras vidas, acogemos el amor de Dios como don gratuito y actuamos para llevar a todo varón y mujer a la belleza del amor y a la luz de la verdad que salvan al mundo.
          En esta verdad –el misterio de la fe– hemos sido consagrados (cf. Jn 17,17-19), y en esta verdad estamos llamados a crecer, con la ayuda de la gracia de Dios, en fidelidad cotidiana a su palabra, en la comunión vivificante de la Iglesia. Y, sin embargo, ¡qué difícil es este camino de consagración! Exige una continua «conversión»: el morir sacrificial a sí mismo como condición para pertenecer plenamente a Dios y la transformación de la mente y del corazón que conduce a la verdadera libertad y a una nueva amplitud de miras. La liturgia nos ofreceun símbolo elocuente de aquella transformación espiritual progresiva a la que cada uno está invitado.
       La aspersión del agua, la proclamación de la Palabra de Dios, la invocación de todos los Santos, la plegaria de consagración, la unción y la purificación del altar, su revestimiento de blanco y su ornato de luz, todos estos ritos nos invitan a revivir nuestra propia consagración bautismal. Nos invitan a rechazar el pecado y sus seducciones y a beber, cada vez más profundamente, del manantial vivificante de la gracia de Dios...
(resumen)
Papa emérito Benedicto XVI
19 julio 2008 - A Obispos, clero y religiosas de Australia

ORAR ESTE MOTIVO 
A PARTIR 
DE LA PALABRA DE DIOS



EL CULTO AGRADABLE:             Is 58 1-12
COMUNIDAD ORANTE:            Hch 1 12-14
HAGANLO RECORDÁNDOME:  Lc 22 7-22
 

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ABRIL 2013 - CARTELERAS

PARA RECORDAR Y PROMOVER LOS TEMAS  QUE EL PAPA  PIDE A TODOS LOS CRISTIANOS 
IR TRATANDO CON DIOS, EN ORACIÓN, A LO LARGO DEL MES DE ABRIL, 
PUEDE IMPRIMIR EL SIGUIENTE AFICHE EN UNA HOJA TAMAÑO OFICIO, EN ORIENTACIÓN APAISADA 
SI DISPONE DEL CUADRO DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN, 
 PARA LOS MISMOS FINES,  PUEDE IMPRIMIR EL AFICHE SIGUIENTE  EN MEDIA HOJA OFICIO, EN ORIENTACIÓN VERTICAL
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29/03/2013

ABRIL 2013: ORAR POR LA EVANGELIZACIÓN

Que las Iglesias en Territorios de Misión
Sean Signos e Instrumentos
de Esperanza y Resurrección

      Sabemos que la Iglesia Católica enviada por Jesucristo en misión a la humanidad se realiza en iglesias territoriales, también llamadas «iglesia particular», «diócesis» o «eparquía». Cada una vive en comunión de fe y sacramentos con su obispo -sucesor de los apóstoles- y con el presbiterio que lo acompaña; y todas con la Iglesia de Pedro -de Roma-: por lo tanto, entre sí.
     La Iglesia católica no es una federación de iglesias particulares, sino la única Iglesia que, por vocación y misión, echa raíces en todos los campos -social, cultural, etc.- de cada lugar y tiempo.
   El Evangelio de Jesucristo ya ha sido predicado en todos los continentes y en casi todos los rincones de cada país, pero mirando cómo la Iglesia está presente en el mundo, se ve cuánto le falta aún, en muchos lugares, enraizar, crecer, florecer, fructificar y madurar
     El 36% -más de la 3ª parte de las circunscripciones territoriales- son lo que se llama «Iglesias en territorio de misión», es decir en proceso de implantación.
    Por eso, al fin el 2º milenio de la encarnación de Dios Hijo, el Papa Juan Pablo II escribó a todos: "La mision de Cristo Redentor confiada a la Iglesia está aún por cumplirse» (RM 1).  
     Por eso, al comienzo del tercer milenio de la encarnación, el Papa Benedicto XVI nos pidió orar para que esas 1069 Iglesias, aun adolescentes y pronto adulto-jóvenes, se establezcan como «signos e instrumentos de esperanza y resurrección».
       Antes de buscar comprender los términos de este deseo, el siguiente cuadro nos ayuda a ubicar las Iglesias por que oramos:
     Todos sabemos que en el conocer humano las realidades dicen no sólo lo que ellas mismas son, sino que significan y simbolizan otras:  El humo además de sí, habla -es signo- de una fuente de calor que puede ser fuego, un cortocircuito, etc. Al encenderse, la luz roja de un semáforo, además de hacerse ver ella misma, dice la obligación de detenerse. La diferencia entre ambos es que, mientras el signo es «natural», «espontáneo» y universal, el símbolo es convencional, necesita ser acordado y enseñado.    
     En el campo espiritual cristiano existe, todavía, la realidad que llamamos «sacramento» y definimos como «signo eficaz» o «signo e instrumento», es decir realidad elemental que además de consigo misma, pone en relación con otra, trascendente, espiritual. Los 7 sacramentos de la Iglesia son signos e instrumentos de la gracia de Dios. Como otro sacramento, la misma Iglesia es «signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (LG 1).
      Con el Papa, deseamos que las 1069 Iglesias de los territorios de misión lleguen a ser «signos e instrumentos» de esas uniones, siéndolo de esperanza y resurrección, condiciones de verdadera evangelización.
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14/03/2013

2013: MOTIVOS DE ORACIÓN

Tenga su cuadernillo con los motivos (intenciones)
que el Papa Francisco pide orar cada mes de este año:
Imprima ambas carillas de una hoja tamaño carta.

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28/02/2013

MARZO 2013 - INTENCIÓN DE ORACIÓN UNIVERSAL

 
Que Crezca el Respeto por la Naturaleza
Obra de Dios 
Confiada 
A Nuestra Responsabilidad

 
     Quien, a partir de los Evangelios, ha mirado vivir a Jesús, debe haber aprendido que antes y después de actuar es necesario orar, ir a Dios, tratar con Él circunstancias y alternativas.
    Hombre de oración, el Papa Benedicto XVI espera que todo seguidor de Jesucristo también lo sea.
Preparando la 43ª Jornada Mundial de la Paz, escribió el Mensaje que resumimos.
      La Iglesia, «experta en humanidad», se preocupa por llamar la atención sobre la relación entre el Creador, el ser humano y la creación, sin entrar en soluciones técnicas específicas.
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INTENCIÓN EVANGELIZADORA - MARZO 2013


Que Obispos, Sacerdotes y Diáconos
Sean Incansables Anunciadores del Evangelio,
«Hasta los Confines de la Tierra»

      «Hasta los confines de la tierra» envió Jesús resucitado a sus discípulos mientras ascendía a los cielos.
    Hace unos pocos años, el Papa Juan Pablo II nos anunció que, en una primera etapa, el Evangelio ha sido predicado ya en casi todos los rincones del planeta... ¡Falta poco, en comparación con lo realizado!
    Hoy, estamos empeñada en una «nueva evangelización», nueva en contenidos, métodos y fervor.
    Pero su Sucesor nos pide tratar con Dios, la responsabilidad de quienes tienen misión de constituir iglesia alrededor de la Palabra y la Eucaristía del Señor: obispos sacerdotes y diáconos. ¡Que no se conformen con lo hecho, ni se cansen de, también ellos, ir más allá!
    Alberto Vázquez Figueroa -expedicionario, submarinista,´corresponsal y escritor español contemporáneo-, en su libro «La Ruta de Orellana»
(Zeta Bolsillo, Barcelona, 2008 pags., 58-59)  narra su viaje por Ecuador, de Quito al Amazonas y la impresión que, en medio de la selva, le causó encontrar comunidades de sacerdotes.
    Su «impresión» y sorpresa de ateo, puede suscitar nuestra oración de creyentes.
 
"En los días que permanecí en las mi- siones capuchinas del Napo pude comprobar la capacidad de esfuer- zo, sacrificio y amor al prójimo de estos seres llegados de tierras tan lejanas, que lo dan todo por unas gentes de las que antes no habían oído siquiera hablar. Algunos lleva- ban 10, 12 y hasta 14 años lejos de sus casas, pero
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