a Discriminados, Perseguidos
por el Nombre de Cristo en Asia
Asia es el continente menos cristiano. De sus 3 mil millones de personas, sólo el 10% oyó hablar de Dios como Padre y de Jesucristo como Señor de la vida. Se distribuyen según qué evangelización recibieron.
Al centro, de origen eslavo, son ortodoxos orientales, principalmente en Kazajistán.
Al sur, en India hay unos 130 millones de cristianos: en las fronteras con Birmania, Nagalandia y Mizoram, llegan al 89 % . El país más católico del continente es Filipinas.
Al oriente, en Corea del Sur se bautizan 150 mil adultos por año: ya son el 30%.
En China, la revolución comunista de 1966 forzó al cristianismo a la clandestinidad, dando lugar a iglesias secretas en los hogares. Aunque minoría, unos 110 millones de chinos son cristianos, la mayoría protestantes.
El cristianismo avanza con fuerza también en Nepal, Bangladesh, Singapur y Vietnam.
Los cristianos tienen grandes dificultades en países de mayoría musulmana y budista, principalmente en Irak, Afganistán, Irán, India, Sri Lanka, Laos, Vietnam, Malasia y Corea del Norte
Cristo Jesús invita a seguirle. Pero previene: -Quien acepte, niéguese a sí mismo, cargue su cruz diaria y venga (Jn 9 23-26). Negarse es habituarse a discernir la voluntad de Dios.
Ir tras Jesús es realizarla.
Ambos requisitos del seguimiento cristiano se deben a distorsiones en nuestra apreciación de la realidad: vencerlas supone continuo trabajo, esfuerzo personal.
Pero, con él hay que cargar la «cruz de cada día», las contrariedades que provienen del entorno. Siempre sorprende toparse con quien, no sólo no alienta ni ayuda, sino sospecha, contradice, complica, dificulta, distorsiona, difama, busca detener. Fundamentalmente, discrimina, persigue, amenaza de muerte.
Porque sus padres eran provincianos, pobres y jóvenes, «no había lugar» para que Jesús naciera. Y, apenas nacido, Herodes, el Antipa, lo condenó y persiguió, matando cientos de inocentes.
Ningún discípulo discriminado (ver Jn 7 13; 9 22; 19 38; 20 19), en cambio, venció el miedo (salvo, tal vez, el ciego de Jn 9 1 ss), sino hasta después de la efusión del Espíritu Santo. Lo que sucedió entonces, nos lo cuenta el libro "Los Hechos de los Apóstoles" y la entera historia de la Iglesia. Todos deseamos que todo ello tenga continuidad en los cristianos que vivimos, también hoy, de muchas maneras, discriminados: desprestigiados, descalificados, ridiculizados, demonizados, perseguidos, amenazados, martirizados: desde el Papa hasta los niños que pretenden avanzar en su fe.
El Papa nos pide que pidamos el Espíritu Santo para los cristianos de Asia que son minoría en regímenes materia-listas antirreligiosos, o religiosos combativos del cristianismo.






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